Generacion del 30
Demetrio Aguilera Malta.
Información personal
Nacimiento
24 de mayo de
1909
Guayaquil,
Ecuador.
Fallecimiento
28 de
diciembre de 1981 (72 años)
Ciudad de México,
mexicano
Nacionalidad
Ecuatoriana
Información profesional
Ocupación
Directpor de
cine, diplomatico, pintor y escritor
Género: Teatro
Resumen de la obra de teatro El Cholo Que Odia la Plata.
Era la
historia de dos cholos Bachon y Don Guyambe que ya estan cansados de trabajar y
de no tener nada de dinero su amistad era muy grande comprades de corazon hasta
que un dia a don Guayambo lo despidieron y e busco ayuda con su compadre Bachon
el siempre lo habia apoyado pero esta vez no fue asi don Guayambo se lleno de
rencor el corazon pues su compadre del alma lo habia traicionado y por por el
maldito dinero no solo los blancos eran malos el dinero volvia malo a todos y
decidio algo para que Bachon reflexionara le daria una leccion quemo todas sus
canoas y balandras y cuando Guayaquil hablando de un poco de cosas que no
entendia le pidieron una explicacion a lo cual respondio la plata esgracia a
los hombres.
Joaquín Gallegos Lara.
Información personal
Nacimiento
9 de abril de
1909 Guayaquil Ecuador
Fallecimiento
:16 de noviembre de 1947
(38 años)
Guayaquil Ecuador
Nacionalidad
:Ecuatoriana
Información profesional
Ocupación :Escritor
Años activo
1930 – 1940
Género
Novela Ensayo
Movimientos
Grupo de
Guayaquil
Obras
notables
Los que se
van, junto a Demetrio Aguilera Malta y Enrique Gil Gilbert
"El
guaraguao"
"Era la
mama"
La última
erranza
Biografía del
pueblo indio
Resumen del fragmento el guaragua.
El hombre las
tiraba y el Guaraguao volaba y desde media poza las traía en las garras como un
gerifalte.
Iban
solamente a comprar pólvora y municiones a los pueblos.
Cuando reunía
siquiera dos libras de plumas se las iba a vender a los chinos dueños de pulperías.
Una vez trajo al pueblo cuatro libras de plumas en vez de dos. Los chinos le
dieron cincuenta sucres. Este fue atacado pero el Guaragao salió a su rescate.
Jose de la Cuadra.
Información personal
Nombre de
nacimiento José de la
Cuadra y Vargas
Nacimiento 3 de septiembre de 1903
Guayaquil
Ecuador
Fallecimiento
12 de febrero de 1941
(37 años)
Guayaquil, Ecuador
Nacionalidad Ecuatoriana
Resumen del fragmento ayoras falsos.
Parecía
reconcentrado, y su rostro estaba ceñudo, fosco. Pero, esto era sólo un gesto.
En realidad, no pensaba en nada, absolutamente en nada.
De vez en
cuando se detenía, cansado.
Escarbaba con
los dedos gordos de los pies el suelo, se metía gruesamente aire en los
pulmones, y lo expelía luego con una suerte de silbido ronco, con un ¡juh!
prolongado que lo dejaba exhausto hasta el babeo. Enseguida tornaba a la marcha
con pasos ligeritos, rítmicos.
Al llegar a
la plaza se sentó en un poyo de piedra. De la bolsita que pendía de su cuello,
bajo el poncho, sacó un puñado de máchica y se lo metió en la boca
atolondradamente.
El sabor
dulcecillo llamóle la sed. Acercóse a la fuente que en el centro de la plaza
ponía su nota viva y alegre, y espantó a la recua de mulares que en ella bebía.
Lado a Lado y
gritó con la voz de los caminos
Apartáronse
las betias, y el indio Balbuca pudo meter en el agua revuelta y negruzca su
mano ahuecada que le sirvió de vasija.
Satisfecho,
se volvió al poyo de piedra.
Estúvose ahí
tres horas largas, sin un movimiento que denotara aburrimiento siquiera, con
los ojos fijos en sus pies descalzos, sobre los cuales revoloteaban las moscas
verdinegras de alas brillantes y rumorosas.
Pablo Palacio.
Información personal
Nombre de
nacimiento Pablo Arturo
Palacio Suárez
Nacimiento: 25 de enero de 1906 Loja
Fallecimiento
7 de enero de 1947 Guayaquil
Información profesional
Ocupación :Abogado
Escritor: Profesor
Novelista
Años activo: Escribió
entre los años de 1927 a 1932
Lengua de
producción literaria Española
Género: Novela
Cuento Teatro
Movimientos: Vanguardismo
Movimientos: Vanguardismo
Obras
notables: véase Obras
Resumen del fragmento un hombre muerto a puntapiés.
Casi en el mismo instante, y a pocos metros de distancia, se abrió bruscamente una claridad sobre la calle. Apareció un hombre de alta estatura. Era el obrero que había pasado antes por Escobedo. Al ver a Ramírez se arrojó sobre él. Nuestro pobre hombre se quedó mirándolo, con ojos tan grandes y fijos como platos, tembloroso y mudo. ¿Qué quiere usted, só, sucio? Y le asestó un furioso puntapié en el estómago. Octavio Ramírez se desplomó, con un largo hipo doloroso. Epaminondas, así debió llamarse el obrero, al ver en tierra a aquel pícaro, consideró que era muy poco castigo un puntapié, y le propinó dos más, espléndidos y maravillosos en el género, sobre la larga nariz que le provocaba como una salchicha. ¡Cómo debieron sonar esos maravillosos puntapiés! Como el aplastarse de una naranja, arrojada vigorosamente sobre un muro; como el caer de un paraguas cuyas varillas chocan estremeciéndose; como el romperse de una nuez entre los dedos; ¡o mejor como el encuentro de otra recia suela de zapato contra otra nariz! con un gran espacio sabroso. Y después: ¡cómo se encarnizaría Epaminondas, agitado por el instinto de perversidad que hace que los asesinos acribillen sus víctimas a puñaladas! ¡Ese instinto que presiona algunos dedos inocentes cada vez más, por puro juego, sobre los cuellos de los amigos hasta que queden amoratados y con los ojos encendidos! ¡Cómo batiría la suela del zapato de Epaminondas sobre la nariz de Octavio Ramírez í vertiginosamente, en tanto que mil lucesitas, como agujas, cosían las tinieblas.
Resumen del fragmento un hombre muerto a puntapiés.
Casi en el mismo instante, y a pocos metros de distancia, se abrió bruscamente una claridad sobre la calle. Apareció un hombre de alta estatura. Era el obrero que había pasado antes por Escobedo. Al ver a Ramírez se arrojó sobre él. Nuestro pobre hombre se quedó mirándolo, con ojos tan grandes y fijos como platos, tembloroso y mudo. ¿Qué quiere usted, só, sucio? Y le asestó un furioso puntapié en el estómago. Octavio Ramírez se desplomó, con un largo hipo doloroso. Epaminondas, así debió llamarse el obrero, al ver en tierra a aquel pícaro, consideró que era muy poco castigo un puntapié, y le propinó dos más, espléndidos y maravillosos en el género, sobre la larga nariz que le provocaba como una salchicha. ¡Cómo debieron sonar esos maravillosos puntapiés! Como el aplastarse de una naranja, arrojada vigorosamente sobre un muro; como el caer de un paraguas cuyas varillas chocan estremeciéndose; como el romperse de una nuez entre los dedos; ¡o mejor como el encuentro de otra recia suela de zapato contra otra nariz! con un gran espacio sabroso. Y después: ¡cómo se encarnizaría Epaminondas, agitado por el instinto de perversidad que hace que los asesinos acribillen sus víctimas a puñaladas! ¡Ese instinto que presiona algunos dedos inocentes cada vez más, por puro juego, sobre los cuellos de los amigos hasta que queden amoratados y con los ojos encendidos! ¡Cómo batiría la suela del zapato de Epaminondas sobre la nariz de Octavio Ramírez í vertiginosamente, en tanto que mil lucesitas, como agujas, cosían las tinieblas.



